Millás habla de la historia de unos guardias civiles que se dedicaban a intimidar a mujeres a las que preguntaban si habían abortado y las razones de ello. El escritor explica sarcásticamente los abusos afirmando que estos policías siempre habían soñado con ser ginecólogos. La placa les permitía interrogar a esas pobres mujeres, haciendo las preguntas que habrían formulado como ginecólogos.
”Érase un guardia civil al que le habría gustado ser ginecólogo. Todos los días iba al cuartel y cumplía sus obligaciones con desgana, porque a él no le gustaba detener delincuentes, ni poner multas de tráfico, ni realizar controles de alcoholemia, ni investigar, ni trabajar de agregado en las embajadas españolas. Por no gustarle, no le gustaba ni montar en moto. A él lo que le volvía loco era la ginecología. Pero la ginecología, le dijo su padre, requiere mucho tiempo, muchos estudios, muchas energías. De aquí a que seas capaz de vivir de la ginecología pueden pasar 15 o 20 años, hijo. Mejor haces una oposición que te garantice un sueldo y por la tarde, si de verdad esa rama de la medicina te atrae tanto, buscas el modo de dedicarte a ella, si no como profesional, en plan hobby. Siguiendo los consejos paternos, ingresó en el Cuerpo, donde coincidió con un comandante y un sargento con aficiones idénticas, pero frustrados también por las vueltas que da la vida. O la mente, pues no resulta fácil comprender el movimiento emocional capaz de llevar a un hombre de la obstetricia a las fuerzas armadas.
Pero no hay, se dijeron, mal que por bien no venga. Si para algo sirve el uniforme es para interrogar. Y a eso se dedicaron, a preguntar a mujeres inocentes, incluso a niñas, si habían abortado, y por qué y en qué condiciones. Se presentaban en sus casas disfrazados de guardias civiles (con sus insignias, sus pistolas y sus porras) y hacían a las aterrorizadas mujeres preguntas personales que eran, en la fantasía de estos individuos, las que les habría hecho un ginecólogo de verdad.
Todo muy raro, como verán, muy sucio, muy sórdido, muy indecente. Claro que en un mundo donde hay obispos castrenses, ¿por qué no intentar este híbrido bárbaro entre policía y obstetra? A medida que me hago mayor, me da más miedo todo.”
EL PAIS, 13-IV-2008

¿usted sabe lo que significa un Estado de Derecho? ¿sabe usted que las Fuerzas de Seguridad del Estado deben velar por que no se cometan crímenes, y si éstos se producen deben identificar a los autores y hacer que sean juzgados con arreglo a las leyes y cumplan las debidas condenas por atentar a la paz y orden social, es decir, el establecido por los representantes delpueblo en sus leyes?
Pues fíjese que estos guardias civiles cometían un abuso tan horrible como preguntar a presuntas cómplices (en realidad son vícitimas y, no nos engañemos, ninguna mujer va a la cárcel por abortar) de abortos, es decir , de pobres seres humanos que nunca llegaron a nacer porque los intereses económicos de unas clínicas primaron sobre sus indefensas vidas que ellos no podían defender. ¿No le parece que es pura demagogia lo que usted ha escrito? ¿o es ignorancia? Claro que quien piensa que es absurdo que haya obispos castrenses quizá también piense que es que los militares y fuerzas de seguridad son poco menos que criminales profesionales o que no tienen alma